Viaje · 11 min
Tres días en la copa de Boquete.
Notas de la subasta Best of Panamá de este año — y por qué pagamos lo que pagamos.
Crónica · Boquete, Chiriquí — Panamá
Boquete se huele antes de saborearlo. La localidad se asienta en un pliegue de las tierras altas de Chiriquí en el oeste de Panamá, al pie de las laderas del Volcán Barú, y el aire al ascender trae flor de cítrico y bosque húmedo. Este es el rincón del mundo del café que el Gesha — Geisha, si lees la grafía antigua en las bolsas — hizo famoso, y llegamos tres días a sentarnos en las mesas de cata de otros para intentar entender por qué.
La altitud y lo que compra
Lo primero de lo que todo el mundo habla aquí es la elevación. Muchos de los lotes más celebrados crecen bien por encima de los 1.600 metros, y algunas de las parcelas más altas superan los 1.800. La lógica es la que aprendes pronto y sientes aquí por primera vez: las noches más frescas ralentizan la maduración de la cereza, el grano se desarrolla más lento y más denso, y esa densidad tiende a correlacionarse con una acidez más limpia y aromáticos más concentrados en taza. Une eso con un suelo volcánico y un microclima de niebla y sombra, y tienes el argumento del terroir hecho tangible. Soy cauto a la hora de tratar la altitud como un número mágico — mucho café de altura es simplemente correcto — pero en las laderas del Barú la correlación se sentía menos como marketing y más como un lugar haciendo algo específico a una planta.
La variedad de la que todos susurran
Gesha es la razón por la que todo esto existe. Es una planta temperamental, de bajo rendimiento y porte alto que, en las manos y el suelo adecuados, produce una taza como ninguna otra en el arábica: jazmín y flor de naranjo en nariz, bergamota y melocotón blanco y una delicadeza de tipo té en el centro. La finca a la que la mayoría atribuye el descubrimiento moderno — Hacienda La Esmeralda, la finca de la familia Peterson — forma ya parte de la mitología local, y la historia se repite en cada mesa. Lo que me llamó la atención fue la variabilidad de la variedad en la práctica. No todos los lotes de Gesha cantaban. Los grandes eran inconfundibles; los simplemente buenos eran cafés caros haciendo una imitación competente de los grandes.
Lavado y natural, codo a codo
Durante la semana catamos la misma variedad procesada de dos maneras. Los lotes lavados eran transparentes y florales — ese perfil Gesha clásico de cristal, todo jazmín y cítrico y un final largo y articulado. Los naturales eran más exuberantes y afrutados, inclinándose hacia la fruta de hueso y una dulzura más pesada, con la huella del proceso más al frente. Ninguno es «mejor». Son decisiones distintas sobre cuánto quiere el productor que hablen la fruta y la fermentación frente a cuánto quiere que lidere la claridad propia del grano. Las mesas más impresionantes te dejaban saborear esa decisión en lugar de ocultarla.
Por qué cuesta lo que cuesta
Y luego está el dinero. El Best of Panama es un concurso y subasta anual; los lotes destacados son puntuados por un jurado internacional y luego vendidos al mejor postor, a menudo tostadores que pujan entre sí desde extremos opuestos del planeta. Cuando un café es escaso, laborioso de cultivar y validado por una puntuación pública, una subasta hace lo que hacen las subastas — encuentra el techo. No voy a pretender poner una cifra a los lotes principales de este año, porque los números cambian y prefiero no repetir un precio que no puedo respaldar. El resumen honesto es este: estás pagando por una rareza genuina, por el riesgo que cargó el productor y por una cadena transparente donde puedes ver por qué manos pasó el café. Una parte también paga por el prestigio, y vale la pena tener los ojos abiertos sobre qué parte es cuál.
Volvimos a casa con una pequeña asignación y una lista más larga de preguntas que de respuestas. Eso, más que cualquier taza individual, es lo que tres días en Boquete te dejan: un sentido más agudo de cuánto de lo que acaba en tu molino fue decidido por un lugar, una planta y una persona de pie a gran altitud, mucho antes de que llegara a cualquier banco de tueste.